Porrazos contra indignación
- Jaume Asens

- 9 jun 2011
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 18 mar 2024

El movimiento de los indignados ha puesto en evidencia las escasas credenciales democráticas de muchas instituciones estatales y autonómicas. La Junta Electoral Central fue incapaz de distinguir las actividades de proselitismo partidista de un legítimo e innovador ejercicio del derecho a la manifestación y a la libertad de expresión.El Gobierno de la Generalitat parece haber confundido el apoyo electoral recibido por su partido con una carta blanca para ‘limpiar’ todo reclamo ciudadano que no se pueda reconducir a los mecanismos electorales. Con anterioridad, el Gobierno español también cedió a la tentación de barrer la protesta en la Puerta del Sol en Madrid. Y ahora el Gobierno de Aguirre y ciertos empresarios insisten en cortarla de raíz.
Las plazas de ciudades y pueblos españoles, durante las últimas semanas, habían recuperado una de las funciones originales de la plaza pública: espacio donde la población puede hablar, encontrarse y expresarse, generando nuevas formas de convivencia ciudadana.
Como diferentes sindicatos policiales y los mismos servicios municipales de limpieza habían reconocido, la actuación de los acampados en el mantenimiento del espacio público había sido ejemplar. Esto explica que la operación preventiva ordenada por el Gobierno catalán haya resultado, además de desproporcionada, ridícula, poniendo de relieve la extrema debilidad de algunos discursos de tolerancia ‘cero’ con todo lo que sea disidencia más allá de las instituciones. Y más tras constatar la capacidad de los acampados para evitar, con una cadena humana, la extensión de los incidentes futbolísticos a la plaza.




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