El artículo denuncia la criminalización de la Flotilla de la Libertad, equiparada falsamente con el terrorismo tras pasar de la burla al señalamiento directo. Explica cómo este lenguaje deshumaniza, legitima la represión y prepara la violencia, siguiendo patrones coloniales históricos. Llamar “terroristas” a quienes llevan ayuda humanitaria pone sus vidas en riesgo y convierte el lenguaje en cómplice del crimen, frente a las obligaciones del derecho internacional.