El artículo denuncia la participación del equipo Israel Premier Tech en la Vuelta a España como un acto de sportswashing. Critica la falsa neutralidad del deporte ante un genocidio, la criminalización de protestas pacíficas y el silencio de instituciones y medios públicos. Sostiene que, como ocurrió con el apartheid sudafricano o Rusia, no excluir a Israel es complicidad y una obscena inversión moral del lenguaje.